Nuestro problema con el Che Guevara

por Stephen Hicks 

[This is a Spanish translation of “Our Che Guevara Problem”, first published in English at EveryJoe and then translated into Portuguese at Portal Libertarianismo.]

Es muy probable que alguien que conozcas tenga una camiseta del Che. Versiones románticas del rostro barbudo de Ernesto Guevara Lynch son muy populares en los campus universitarios y en otros lugares — tan populares que la cadena de tiendas estadounidense Urban Outfitters había planeado lanzar toda una línea de artículos de moda inspirados en el Che, y docenas de sitios web ofrecen una amplia gama de parafernalia “Che.”

Guevara fue un marxista que nació en Argentina, obtuvo una posición en Cuba como Ministro de Economía, y murió en una escaramuza con soldados en Bolivia.

Pero aquí está el enigma. En la vida real, Guevara era un carcelero, torturador y asesino “igualitario”. No importaba si se trataba de defensores de la libertad de expresión, homosexuales, partidarios de la libertad de religión o amantes del rock and roll, dueños de negocios o enemigos ideológicos — y no importaba si eran hombres, mujeres o niños — él estaba a favor de encarcelarlos, torturarlos y asesinarlos.

“Para ejecutar a un hombre”, dijo el Che una vez: “no necesitamos pruebas de su culpabilidad.” En los primeros días de la revolución cubana, el Che escribió a su padre acerca del fusilamiento de un guerrillero campesino: “Me gustaría confesar, papá, en ese momento descubrí que realmente me gusta matar.” Gran parte de la historia del Che es muy fea.

Entonces, ¿cómo un asesino se ha convertido en un icono de la moda?

Graciosamente — y tal vez inspirada por el capitalismo americano — una empresa estatal cubana anunció recientemente sus planes para lanzar una línea de perfumes “Ernesto” y “Hugo”, en honor al Che Guevara y al ya fallecido dictador socialista de Venezuela, Hugo Chávez. Ese plan, sin embargo,  fue derribado por los mandamás del gobierno y habría sanciones inminentes para quienes sugirieron tal sacrilegio.

Menos gracioso es que, en 2008, una heroica estatua de bronce de Guevara se descubrió en su ciudad natal de Rosario, Argentina.

Volviendo a EE.UU. la guerra cultural continúa con productos anti-Che como remeras con una foto de Adolf Hitler y el subtítulo “Mi remera del Che está en la lavandería.” O remeras con la imagen del Che y una leyenda sutil “Mi otra remera tiene a Hitler.” El punto, por supuesto, es que a nadie se le ocurriría utilizar a un matón nazi para hacer una declaración de moda. O tal vez no en estos tiempos nuestros, ya que la iconografía de Hitler también está haciendo una reaparición. Para su crédito, Urban Outfitters decidió abandonar su línea del Che en respuesta a las protestas de la comunidad cubano-americana y a la carta abierta publicada en The Huffington Post por Thor Halvorssen de la Fundación de Derechos Humanos.

(Realmente me gusta la ironía de las ideas del perfume y de la remeChe-Guevara-Jay-Zra en la lavandería, ya que el Che raramente se bañaba de acuerdo a las quejas de sus companeros.)

El problema no es tanto el propio Guevara, que ha estado muerto ya desde hace medio siglo. El problema es la leyenda del Che y su simbolismo, que ha permanecido en las mentes y los corazones de una subcultura de jóvenes durante dos generaciones. Los hechos acerca de la brutalidad del Che no son desconocidos. Pero el poder de la leyenda y del mito a menudo supera el poder de los hechos. Y en nuestra cultura pro-mercado y pro-libertad de expresión, siempre habrá un mercado para aquellos que son anti-mercado y anti-libertad en general. El tamaño de ese mercado es un indicador cultural que vale la pena observar.

Para algunos, el Che es un símbolo de la revolución socialista. Para otros, él se destaca, más difusamente, por algún tipo de revolución. O simplemente por estar en contra del status quo. Para algunos otros, el Che representa un mártir relativamente joven a favor de una causa. Para comentaristas sofisticados, el producto Che es kitsch — una postura superficial de niños universitarios mimados que quieren ser parte de la escena y, de paso, shockear a mamá y papá y a los conservadores.

Pero para todas las variantes, el simbolo del Che es una exposición de cómo una contra-cultura se ve a sí misma.

El libro de viajes de Patrick Symmes “Chasing Che” (Persiguiendo al Che) es, a mi juicio, el mejor representante. Symmes es un hombre reflexivo de la ecléctica izquierda, y se inspiró para recrear parte del viaje del Che por varios países de América del Sur. El Che comenzó su viaje en una motocicleta, pero al igual que la economía cubana de la cual más tarde se hizo cargo, la motocicleta se averió y el Che no sabía demasiado acerca del funcionamiento de esas cosas. El Che y su compañero de viaje, Alberto Granado, continuaron el resto del viaje a los tumbos. Symmes, por el contrario, era organizado y sabía como mantener su motocicleta BMW — y llevó su ojo periodístico bien entrenado para contar una buena historia de los pueblos y paisajes que encontró en su viaje a lo largo de la ruta del Che desde Argentina a Chile y Perú .

Pero uno apenas se entera por Symmes, y sólo en las últimas páginas del libro, que Guevara torturó y mató indiscriminadamente. En cambio obtenemos un retrato sensible de un joven en búsqueda de su yo y en búsqueda de che-guevara-gunreformas sociales. Symmes muestra una verdadera simpatía por la impotencia e indignación causadas por las injusticias realizadas por gobiernos poderosos y sus socios de negocios “crony”, junto con una sutil sensación de que la brutalidad del Che fue quizás una respuesta excusable. Symmes nos deja una fuerte impresión de que la única alternativa al semifeudalismo latinoamericano, es algún tipo de socialismo igualitario.

Todo esto sugiere que nuestro problema con el Che es realmente un problema filosófico. No es sólo que Guevara fue un activista y lector voraz de pensadores como Jean-Paul Sartre, Bertrand Russell, Friedrich Nietzsche, y, por supuesto, Karl Marx y Friedrich Engels. El problema es que todos nosotros seguimos debatiendo acerca del significado abstracto de su legado. ¿Qué es cierto y qué es mito? ¿Qué ideales y qué perversidades están involucradas? Y, de acuerdo a la batalla de la moda, ¿qué es “cool” y descontracturado? Usando vocabulario filosófico, la batalla del Che es de orden epistemológico, ético y estético.

Otra manera de decirlo es la siguiente: el problema no es el Che Guevara, sino el Che-guevarismo.

Si alguna vez conseguimos dejar atrás los desastres del socialismo del siglo XX y evitar que vuelvan a ocurrir en el siglo XXI, entonces es importante lograr una mayor conciencia de lo que realmente fue el Che para contrarrestar el modo en que se limpió su imagen y se creó el mito. Pero más importante aún es contrarrestar  las ideas filosóficas que llevaron a un joven tan enérgico como Ernesto Guevara Lynch hacia un camino tan violento y destructivo.


[Traducido al Español por María Marty.]

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