Comparando el desempeño económico de América del Norte y América Latina [Spanish translation]

Por Stephen Hicks

[This is a Spanish translation of “Comparing North and Latin American Economic Performance”, originally published in English at EveryJoe and in Portuguese at Libertarianismo.]

Todos queremos que la gente logre vivir en forma adecuada, especialmente las personas pobres que están luchando por ello. Y si somos ambiciosos, queremos además que la gente pueda vivir una buena vida, que incluya cosas caras como comida de calidad, educación, salud y viajes.

BRAZIL 27 - FAVELLA¿Cuál es la razón de las grandes diferencias en el desempeño económico entre las dos Américas?

Tomemos algunas cifras del PIB del Banco Mundial, una forma de medir el éxito económico. Los datos del PIB son sorprendentes.

Comencemos con un país pobre como Bolivia: el PIB per cápita es de $3.000 (USD). En Paraguay, la gente es más próspera, con $4.500. Y los ecuatorianos y peruanos son el doble de ricos que los bolivianos, con más de $6.000 por año.

Subiendo por la escalera económica: los colombianos, mexicanos, brasileños y argentinos suelen hacer alrededor de $8.000, $10.000, $11.000 y $12.000 por año, respectivamente. Ya la diferencia entre Bolivia y Argentina es de cuatro veces. Impresionante.

A continuación, la nación latinoamericana más exitosa: los chilenos producen más de $14.000 por habitante. También impresionante.

Pero ahora comparemos esto con Canadá, donde el PIB por año es de $50.000. Y tenemos números aún más altos en Estados Unidos: más de $54.000 por año.

Esto indica que si comparamos las naciones de América del Norte con las naciones de América Latina — incluso las naciones latinoamericanas más exitosas –, en promedio los americanos del norte son cerca de cuatro veces más ricos que el más rico de los latinoamericanos.

¿Por qué?

Si uno es un político o intelectual latinoamericano, no hay pregunta más importante de responder bien que ésta. Sobre todo si uno está verdaderamente comprometido — y no solamente profesa estarlo — con el bienestar de su gente.

Así que probemos algunas hipótesis para explicar las increíbles disparidades presentadas:

  • ¿Podría ser una diferencia en los recursos naturales? Tanto América del Norte como América del Sur están enormemente bien dotadas de recursos naturales.
  • ¿Será acaso la historia de su inmigración? Ambas Américas han absorbido una gran cantidad de inmigrantes, personas con diversos talentos y con la energía y ambición para viajar lejos y construir nuevos países.
  • ¿O podría ser la explotación por parte de las naciones ricas hacia los países pobres, como suelen quejarse los comentaristas de la izquierda? Si éste fuera el caso, tendríamos que imaginar que los canadienses se hicieron ricos saqueando a los bolivianos y paraguayos. Si eso suena demasiado absurdo, entonces tal vez deberíamos considerar la hipótesis inversa, como argumenta el profesor Garrett Jones, acerca de que los países ricos no han explotado lo suficiente a los países pobres.
  • ¿Y qué ocurre con el legado del colonialismo? Para bien o para mal –y a veces para bien-, la cultura española y la cultura portuguesa fueron las influencias colonizadoras dominantes en América Latina. Sin embargo, esas culturas colonizadoras no eran especialmente buenas en cuestiones de gobernancia y creación de riqueza. Y para bien o para mal — hay muchas debilidades en la cultura anglo –, América del Norte tuvo la suerte de haber sido colonizada principalmente por los británicos.

En su clásico Imperios del Mundo Atlántico: Gran Bretaña y España en América, 1492-1830 (Yale University Press, 2006), el profesor J.H. Elliott hace el contraste de esta manera: el imperio de España en América fue un “imperio de conquista”, mientras que el de Gran Bretaña fue un “imperio del comercio” (pág. xv).american-neighborhood

Así que la pregunta que sigue es: ¿Qué ideas e instituciones dieron los británicos a los norteamericanos que les permitieron construir economías exitosas?

Sin embargo, no es sólo un problema que se remite al colonialismo de cientos de años atrás. Hace apenas un siglo — para tomar dos ejemplos destacados –, Buenos Aires y Chicago eran más o menos iguales en tamaño y prosperidad. Ambas ciudades fueron igualmente pobladas por inmigrantes de todas partes, y ambas eran importantes centros agrícolas y de transporte. Sin embargo, como analiza el documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica, escrito por Filipe Campante y Edward L. Glaeser, las dos ciudades han seguido radicalmente diferentes trayectorias: Chicago hacia una mayor y mayor prosperidad y Buenos Aires hacia un lento declive.

Datos recientes también indican que los políticos e intelectuales pueden trascender las historias de sus culturas y probar nuevos caminos. En The Wall Street Journal, David Luhnow argumenta que tomar a América Latina como un bloque indiferenciado es demasiado crudo. Hay dos Américas Latinas, una orientada hacia el Atlántico y hacia el estatismo, y la otra orientada hacia el Pacífico y mercados más libres. Las recientes tasas de crecimiento de Brasil, Argentina y Venezuela son, tristemente, la mitad de las de Chile, México, Colombia y Perú.

¿Qué ha llevado a esas diferencias?

Me dirijo a los intelectuales y a los políticos latinoamericanos con estas preguntas, porque, en mi experiencia, algunos de ellos son de mente abierta y exploran activamente los datos y la historia. Pero son una minoría. La mayoría parece continuar encerrada en ideologías contraproducentes.

Y esa batalla ideológica es la más importante. El hecho de ser o no ser capaz de reconocer y aprovechar los elementos naturales como recursos; de ver la emigración y la inmigración como algo bueno o malo; o qué tipo de gobierno y sistema económico uno favorece. Todo ello depende de los supuestos filosóficos generales que uno ha adoptado.

Así que otro factor importante en la explicación de las diferencias económicas entre América del Norte y América Latina es que el mundo intelectual — en particular el mundo filosófico — se ha dividido. En los tiempos modernos está dividido entre la filosofía Continental y la filosofía Anglo.

La tradición filosófica Continental se basa principalmente en las tradiciones intelectuales alemana y francesa. Sus principales intelectuales son Kant, Hegel, Marx y Nietzsche, y en las generaciones más recientes, Heidegger, Foucault y Derrida, entre otros. Esta tradición tiene un gran impacto en la vida intelectual de América Latina, pero un menor impacto en la vida intelectual de América del Norte.

En América del Norte, una tradición intelectual diferente es mucho más fuerte. Se trata de una tradición intelectual británica, basada en Francis Bacon, Isaac Newton, John Locke, Adam Smith, David Hume, John Stuart Mill, y otros. Pero en América Latina, los Anglos son mucho menos conocidos.Lima-skyline

Mientras esta última es una filosofía que se centra en individuos racionales que producen y comercian entre sí para mutuo beneficio, la filosofía continental apela a los conflictos de poder entre grupos semi-irracionales que se explotan entre sí. Este choque de tradiciones filosóficas logra explicar el predominio de terribles guerras en el siglo XX, y logra explicar las diferencias en el desempeño económico.

Así que para aquellos intelectuales y políticos, especialmente de América Latina, cuya educación los ha expuesto únicamente a los Continentales del siglo XIX y a los posmodernos del siglo XX, la pregunta es: ¿Están prestando igual atención a la tradición intelectual extremadamente potente que ha tenido gran éxito en América del Norte?

Si una ideología sólo te enseña a ver grupos explotándose donde quiera que mires, entonces verás a la riqueza como un signo de crueldad y a la pobreza como un signo de victimismo. Entonces tendrás dos opciones: convertirte en un explotador despiadado o atacar a los ricos en nombre de los pobres. Ninguna de estas estrategias conduce a la prosperidad económica.

Pero si estamos realmente preocupados por la pobreza y, como toda persona decente, queremos que todo el mundo sea capaz de lograr una buena vida, entonces tenemos que abrir nuestra mente a otras tradiciones intelectuales que pueden tener mejores respuestas que las que, por desgracia, se han impartido principalmente en América Latina.


[Translated by María Marty, 2016.]

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